Porque una cosa es vivir, y otra, es pensar la vida.
Porque una vida pensada es una vida escrita, el pensamiento se va como el aire
si no se escribe.
Porque ver cómo otros pensaron la vida, en forma de letras escritas que pueda yo entender, a travès de los tiempos.
Un flujo capturable, a travès de mùsica, de trazos y pinturas, de letras escritas de tal forma que hallamos pedazos de almas vivientes trazados en su arte.
Hoy, me voy a dedicar a uno de mis amados escritores que han dejado huella, en mì, indeleble.
Me ha marcado su personalidad y valentìa.
Hablo de Federico Garcìa Lorca
Nacido en FuenteVaqueros, 1898 y fallecido en Granada en 1936, poco tiempo despuès de su estadìa en Buenos Aires (donde quedò un recuerdo de mis familiares ya fallecidos, escritores y actores españoles en la Companìa de Lola Membrives).
Hoy es sòlo un breve principio, estarè hablando de Federico tanto como la inspiraciòn me lleve, este blog es pura libertad!
Elijo uno de sus poemas que màs me inspira.
Es parte de Romancero Gitano, un hermoso libro que recomiendo fuertemente.
Con señales de la Guerra Civil española por todas partes.
Pero el amor entremedio, como parte de la vida misma no importa las armas no importa el fascismo. Esa es mi interpretaciòn.
Y esto, es lo que dice Federico, de su poema, en una Conferencia:
“Después aparece el Romance Sonámbulo, uno de los más misteriosos del libro, interpretado por mucha gente como un romance que expresa el ansia de Granada por el mar, la angustia de una ciudad que no oye las olas y las busca en sus juegos de agua subterránea y en las nieblas onduladas con que cubre sus montes. Esta bien. Es así, pero también es otra cosa. Es un hecho poético puro del fondo andaluz, y siempre tendrá luces cambiantes, aun para el hombre que lo ha comunicado que soy yo. Si me preguntan ustedes por qué digo yo : “Mil panderos de cristal herían la madrugada” les diré que los he visto en manos de ángeles y de árboles, pero no sabré decir más, ni mucho menos explicar su significado”.
ROMANCE SONÁMBULO
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas.
*
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.
*
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.
*
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.
*
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, negro pelo, en esta verde baranda!
*
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Con la firma de Federico, poesìa incluida en sus mismos trazos de identidad.
Hasta la pròxima! Màs sobre Federico!
(Liliana Ester Long, una cuasi profe de Literatura....:)