CAPITULO 1
Primera Infancia, o ¿Qué Pasa Cuando Somos Adoptados?
Las trenzas
marrón rojizas que andaban en mi cabeza de la primera infancia, eran el deleite
de mami y mi tortura personal. Hasta que finalmente un par de tijeras me dieron
la libertad y el pelo empezó a crecer, misteriosamente más oscuro, pero sin
complicaciones. Las recuerdo nítidamente porque mi madre, guardó las trenzas en
el ropero, y cada tanto iba a mirarlas, y compararlas con mi cabello actual. Si
alguien mira la primera película de Crónicas de
Narnia, va a encontrar el personaje de “Lucy”, con un color de pelo
idéntico al de esas trenzas. (Hasta aquí, casi imposible reproducir con mis
tinturas actuales).Un marrón que el sol tornaba a un rojizo semejante al
ladrillo.
Cualquier
atractivo que pudiera tener mi color tan extraño de cabello, podría llegar a
desdibujarse con mis cejas, para ser justa… tendría que decir “mi ceja”.
Parecía una sola, un castaño bastante claro,
que me hacía sentir identificada con la misma característica en Hugh, mi vecino
y compañero de escuela, de familia anglo-irlandesa, o con gallegos que no
conocía luego vistos en los medios, y tal como me dijo un compañero de la primaria el
tiempo que intenté un flequillo:”parecés George Harrison…”.
Las pecas para mí, complicaban la apariencia
en el espejo y un día probé una crema de perejil: logré estar blanca como un
papel por dos días…
He superado todos los complejos y hoy, añoro
que mis cejas sean un poquito más tupidas, tanto depilarlas optaron por irse
ellas mismas….
El colegio primario fue una historia de enredos con la literatura, desde
una edad temprana:
Mi
vecina Maguet, profesora de francés, quien vivía al fondo de casa, me regaló
“Mujercitas” de Louisa Alcotte. Tenía 7 años de edad, me lo fui devorando de a
poco..
Viene
el recuerdo, la imagen, de irme caminando por un sendero que salía desde el
jardín al fondo de mi casa y a continuación un tramo vacìo de plantas, que llegaba hasta
la vereda de su casa ( continuidad de
una casa a la otra sin límites edilicios).
Un
camino hacia la atmósfera de fonética francesa, el sueño con
el mundo de Mujercitas contado por Maguet, una rubia de ojos verdes muy
afrancesada.
Con
perfil altamente docente.
A los 9 años, las
maestras y directoras del primario, no sabían cómo lidiar con mi profundo
conflicto de identidad… la ley de adopción prohibía entonces, decir la verdad a
los hijos adoptivos. Como una alternativa para aliviar esa crisis de angustia,
recibí el cargo de, “encargada” en la biblioteca de la escuela y así fui a dar
con Shakespeare, versión Carlos y María Lamb, mientras mis compañeros tomaban
clases normalmente….(Había aparecido en la escuela con la noticia que mi madre
estaba embarazada).
Tanto había creído la fantasía que la dije como noticia, hasta que Lili
mi futura amiga, me descubrió y estallé en sollozos delante de todo el mundo.
Sin embargo, aun lo malo ayuda para bien…mis redacciones empezaron a
aparecer en la cartelera de la escuela como novedades literarias..
Pero también jugaba a lo varón, con los hermanos Kelly, primos de Lillo
Jeanarett (la parte irlandesa, materna, de Lilo y sus hermanas, se emparentaba
con la flia. Kelly).
Lillo mi compañera en la secundaria, Escuela Normal de Quilmes.
Teníamos árboles al lado de mi casa, antes que construyeran una fábrica.
Ideales para treparse y no caerse. Además de los arbustos, ideales para
escondernos y que no nos vieran tan fácilmente.
A dos cuadras de distancia, Mrs Quiroga, empezó con mi
tortura del idioma inglés desde los 9 años de edad.
Comparado con la fonética francesa familiar
en los oìdos de mis siete años, el idioma inglès al principio me sonò tosco y
àspero. Pero tuve que seguir, bajo imperativo paterno, ya lo contarè màs
adelante en “Es Esto O La Calle ”.
Margarita,que asì se llamaba, casada con un moreno
argentino, hija de ingleses, tenía un piano que dispersaba mi atención del
idioma.
Cuando Mrs Quiroga entraba a la cocina por su té, su alumna
“Lilian” inmediatamente abría el teclado y ensayaba de oído, la canción
que estaba de moda por la película , Do Re Mi de la película “La novicia
rebelde”. Allí descubrí un amor escondido por la música que resultó ser eterno
mientras tenga aliento.
Finalmente le hallé placer al idioma gracias a los Beatles. Lo poco que
llegó a la televisión argentina de ellos, lo fui comprando
infaltablemente. Cada long-play que aparecía lo compraba inmediatamente, mi
mamá me veía motivada con el idioma así que “¡compremos!” discos de los
Beatles.
Lili Marengo, Mi Primera Amiga de la Escuela
Cuando mi papá me hizo socia del Quilmes Club, empezamos a disfrutar de
nuestra amistad con Lili, iniciada el día que lloré desconsoladamente cuando
inventé el embarazo de mi mamá infértil y Lili descubrió mi mentira, con toda
ternura.
Salíamos de la escuela y los días que no teníamos Cultural, o los
sábados, estábamos en el Club para reírnos, de cuanto ser humano pasara por
allí.
O porque eran flacos, o porque eran viejos, o porque tenían cara de
amargados….¡o porque nos habían mirado de reojo! Ciertos personajes se
repetían, entonces venía el apodo que se instalaba eternamente.
Estos personajes (generalmente seres altamente tímidos que adivinaban
nuestras intenciones), apretaban el paso al lado nuestro, ya sintiéndose
víctimas de una chanza despiadada y ellos, con problemas de autoestima no
resueltos. Alguno de nuestros padres, en forma alternativa, nos venían a
buscar en sus coches y nosotras, seguíamos el jolgorio en nuestras casas.
Ellos también tenían su apodo: “El Cholo y el Toto”.
Los dos con puestos gerenciales en sus trabajos, se hacían
respetar mucho en el vecindario, pero nosotras nos moríamos de risa, mientras escuchábamos
que sus respectivas esposas (llámese nuestras madres) les decían con toda familiaridad:
“tomà el mate…. Cholo/Toto “.
En el viaje con nuestros padres en coche, inspiradas por la imagen
materna plena de familiaridad, seguíamos la chanza.
En idioma inglés, hay un proverbio:” Familiarity
breeds contempt”, que significa algo así como, la familiaridad engendra
menosprecio.
Y nosotras, amábamos a nuestros papás, pero los apodos daban que
hablar . Movía a la risa, el alto contraste entre sus gestos de “gente
con personal a cargo” y sus apodos de antigua data….
Un día, en Cultural, nos costó caro esto de reírnos sólo por estar
juntas. Ya les voy a contar más adelante.
Luego vino el tiempo en que se abrió Hottys, cerca de la estación.
Nuestro gran paseo con Lili era pasar por Hottys y comer esos tostados
tan ricos,nunca más vistos ni siquiera en Mac Donalds.Hacíamos dieta …¡Y luego
festejábamos en Hottys!
Se amplió el círculo de nuestras amistades con Susana, ahora médica en
el Sur, donde un grupo de médicos egresados de La Plata , se fueron a hacer patria
al interior.
(Entre ellos, mi primo Teddy con su esposa Alejandra quienes màs que
familares, son mis amigos de toda la vida).
Susi, hija de un conocido político peronista de Quilmes, es una rubia
alta escultural hermosa. Un día, en la pileta del club, Susi me dijo: “Haceme pata, fijate si fulano de tal me mira
cuando paso por delante de èl, vos después me contás”. Susi, pasó con su
bikini y los tacos altos, delante del muchacho que tenía cara de
distraído…hasta que a Susi, mi querida Susi, le falló el taco justo delante de
èl (quien seguía imperturbable) y mi amiga, tierna y valiente se desplomó
llorando en el piso.
Con Lili la consolamos, nos fuimos a la confitería a despejarnos y
seguimos disfrutando la vida…Le dijimos: “Dale
Susi que éste no es el último!”.
¡MI AMIGA LILI
MARENGO, AHORA ESCRITORA PREMIADA!
¡CUENTA NUESTRA INFANCIA…. UN HONOR LILI INCLUIRTE AQUÍ!
Lili
No se si Borges o Sábato, me inclino por el último, decía que cuando uno
envejece se encorva justamente para mirar el suelo en donde nacímos. Quien tuvo
la oportunidad de ver a un ser querido envejecer como yo a mi padre, pudo
constatar que los ancianos recuerdan vivamente su pasado más remoto, y olvidan
el más cercano.
Seguramente nosotras que pasamos la barrera de los
cincuenta comenzamos a inclinarnos, para vigilar nuestra infancia.
Digo, siempre te recordé. El recuerdo desde mi
lado toca muchas notas musicales que se escuchan en la melodía de tu vida, y
agrega otras. Imagino que somos coreutas y que juntas cantamos, logrando la
espectacularidad de una sinfonía.
Si el Toto y el Cholo vivieran, se reirían al
evocar nuestras épocas de niñas, la pucha que pasaron años. Es más, nos
sonríen. Nos hemos reencontrado. El cielo los ha unido para mirarnos desde
arriba.
Todo encuentro predispone al alboroto. No es facil
desenterrar emociones y agregar otras. No es moco de pavo.
Te recuerdo e primer grado. Mi impresión era que
no encontrabas compañero o compañera para sentarte. La Señorita Haydee
tan bella, Haydee Rosa, enseñándonos las primeras letras. Reconocer una b en el
pizarrón en el momento que me la señaló con su puntero me pareció una cosa de
mandinga. Magia que se preserva a la hora de la lectura, que nos abre las puertas
de universos desconoccidos. Qué enigma la lectura.
Primero superior, la Señorita Sarita ,
con sus taquitos y sus piernas flaquitas. Ah, no quiero olvidarme a Haydee
Rosa, la encontré ya de grande en una Jornada de Salud, y seguía intacta, me acerqué
y conversamos. Ella tenía la misma dulzura de aquellos tiempos, parecía que
nada había cambiado.
Sarita la gritona.... Ochera tan alto, nadie se
daba cuenta que era repetidor y que tenía quince años, Brother, Huguito ya gay
desde chiquito, te cuento que de adulto terminó en el borda, conozco a su
cuñada. Fue el primero que se reveló a la maestra haciendo un bollo con su
boletín, qué valentía. Carlomagno que se escapaba por la ventana, los Kelly, la Callegari , Mónica
Crubellati...los chicos huérfanos del hogar que venían a nuestra
escuela....Gustavo y Guillermo nuestros amores de primaria, se peleaban,
empujaban, primeros acercamientos con el otro sexo a través de miraditas, de
risas, recreos separados por una línea trazada con tiza en el patio, poniendo
las primeras distancias entre hombres y mujeres. Épocas en que aquellos que
como Huguito, no pertencecían ni a un sector ni a otro, debían resignarse a la
mentira de comportarse como se esperaba de ellos.
Fuen en primero superior cuando me pediste
que te invitara a mi cumpleaños, osadía que me resultó extraña, pero que
gracias a ella arribamos a nuestra amistad indisoluble.
Nuestros pasos por la vida. Tarde de siesta
que sacamos la llave de la casa de tus primos para entrar a jugar y que luego
perdímos. El robo posteior que nos llevó a noches de insomnio pensando que
nuestras huellas digitales serían capturadas por la policía hasta declararnos
culpables y apresarnos.
Tu mamá en la cocina haciendo las medialunas que
aún tengo la receta, perfume a tostaditas hechas en el horno y que comía a lo
loco, guardadas en un frasco de vidrio.
El Toto con su ensalada de porotos de soja que me produjo un empacho de 40
º por el que me tuvieron que ir a buscar ¿Comenzaba con su diabetes?
Mi primer combinado, tu primer winco. El disco 33
del Club del Clan con Rita Pavone a la cabeza, y Simonette como la gran
cantante. Los Beatles. Nuestra caja de zapatos en la que juntábamos plata
para viajar a Londres. Nuestra despedida de la inocencia cuando descubrímos que
con $ 348 pesitos, era imposible lograr nuestro cometido.
Yo enamorada de George, vos enamorada de Paul. El
día que fuímos al Cine Cervantes a ver Let it be cuando el cine era continuado
y que entramos a la una y salímos a las nueve. Vos fumando tus primeros
mentolados.
El Club Quilmes y nuestros galanes. Quién hubiera
dicho que Horace con el tiempo iba a ser mi jefe y hoy amigo de la familia.
Nuestra novela, las cartas que dejábamos en su casa y salíamos corriendo.
El primer baile de carnaval que nos negaron y por
lo que le tiramos un montón de bombitas a un pobre viejo que pasaba con la moto
por mi casa.
Vuelvo atrás, en la memoria muy fuerte, cuarto
grado, cuando la Señorita
Ana María difunde que la mamá de Lili Long está embarazada.
El tiempo implacable que terminó con la fantasía, cuando después de nueve meses
el hermano no aparecía y tu llanto desconsolado.
Fuerte, qué fuerte.
Antes, el Oriente, comer una pizza solas, fue la
prueba más contundente que habíamos crecido.
¿Y el bar aquel que pusieron a la vuelta de mi
casa y que cada vez que pedíamos algo, salían a buscarlo?
Trescientos cuarenta y ocho pesitos
que solo sirvieron para adquirir un anillo que íbamos a compartir, y que mi
mamá nos conminó a devolverlo a esa casa de Bijou al fondo de la galería Santa
Rosa.
En la vidriera sumamente avergonzadas,
pensando quén se animaría a entrar, te pedí que te animaras y vos entraste
valiente y saliste con la plata en la mano.
Épocas en que los mayores se
apiadaban de las travesuras de los menores, en las que íbamos y veníamos
caminando, en que la inseguridad ni se imaginaba.
No recuerdo su nombre, solo que un día
la encontré en un diario que informaba que la habían matado en una calle
en La Plata , y
juro que en aquel momento vivía en una burbuja y no tenía conciencia de su
lucha como montonera ni reconocía el momento histórico, que luego comprendí con
el correr del tiempo, y que hoy se conoce como la dictadura militar o época de
la represión.
Así te fuiste yendo Lili. Te fui a buscar a
tu casa, tus viejos me decían que estabas en la Facultad y yo venía de
allí y no estabas. Un día te esperé en la esquina hasta tu regreso, te pusiste
mal y me dijiste que me fuera. Lloré desconsoladamente ¿Por cuánto tiempo no
nos vimos hasta que llegó por correo tu carta? Me esperabas en Wimpi, me dabas
explicaciones que mi corazón no comprendía. Ya nada era igual.
Te fuí a buscar cuando estaba por casarme, ya no
vivías en la calle Paz, la casa se había vendido.
Hay días en que cuando paso con el coche por allí,
me parece ayer. Felipe, los vecinos, la vieja chusma de al lado ¿Como se
llamaba?, el Ingeniero que me daba clases de Matemáticas, la chica
discapacitada a la que le tenía miedo, tus viejos, tu mamá, vos aterrorizada
por un perro que te hizo saltar hasta treparte en una pared.
La vida dándonos una segunda oportunidad.
Tus hijos, mi hija.
Tu divorcio, mi vida al lado de Juan.
Oscar, siempre el mismo con su pelo largo y
aspecto de rockero. Tu voz igual, tu risa.
Sarita, Mailin.
Dios nos preparó una emboscada para juntarnos y
abrazarnos. Después de todo, no pasó tanto tiempo.
Lili, amiga mía, te amo.
¡Yo también te amo Lili, sos infaltable en mi biografía!
¿De quién soy hija?
La miel de las flores campana:
Había un
pequeño bosquecillo que tomaba casi una manzana, calle Paz esquina
Garay, un par de ancianos vivían en una
casa muy adentro de dicho bosquecillo.
Parecían hermanos, o quizás, una pareja
mimetizada por décadas de convivencia, por tener una fuerte semejanza en sus
semblantes, extremadamente delgados, y sus ojos claros. Eran absolutamente
herméticos con sus vecinos, hacían las compras fuera de los horarios comunes,
eran muy poco vistos. Con el tiempo nos dimos cuenta que habían fallecido.
Alrededor, bordeando la casa en contacto con
la vereda, había arbustos con flores “campanita”, que destilaban un jugo con
gusto a miel. Pasaba por la vereda, recogía unas cuantas flores y bebía su
néctar. La caminata en esa vereda, era una caminata perfumada, por las flores
de tilo en el borde del bosquecito, mezclada con el de las flores campanita.
Por la década del 70, tiraron abajo gran parte del bosque, y se edificó
allí, el Comercial de Quilmes, por lo que años después, miraba desde atrás de
mi ventana, los “churros de 5º año”
que pasaban por mi vereda….
Juegos y
Pasatiempos
Además de las salidas a la confitería
del club con mi amiga, o vernos en su casa, o
juntarnos con los Kelly en el terreno de al lado con juegos en los
árboles, casi a lo varón, tenía un hábito que repetía, por lo menos una vez por
semana.
En el ropero de mis padres, había un sector que guardaba “los recuerdos de
familia”. Fotos, cartas, tarjetas.
Me apasionaba ver las cartas y postales de amor enviadas a mi abuela
catalana, Rosa.
Aprovechando su nombre, sus festejantes (palabra antigua, que
utilizaba mi mamá), le enviaban postales en forma de rosas, con poemas escritos
en pluma siempre para una rosa.
Habìa una tarjeta que no me cansaba de mirarla, hecha de terciopelo con una
rosa repujada. Se repetía, incesantemente, en medio de esta colección de
tarjetas de amor, la poesía de un hombre evidentemente, muy enamorado de mi
abuela.
Me parece
ver los primeros versos: “Rosa de
virginal pureza…”
Lo increíble es que ella, a pesar de
moverse en un medio social alto (los dueños de uno de los periódicos
tradicionales de Buenos Aires eran amigos personales de mi abuela y bisabuela),
terminò enamorándose del “lechero de Quilmes”.
El
abuelo “José María”, hijo de inmigrantes vascos (para un catalán esto también
era bajo nivel), no sé cómo conoció a mi abuela pero la cuestión es que ella
dejó toda su sociedad, sus amigos, para casarse con este hombre que según
cuenta mi mamá, era muy alegre de muy buen humor. De pelo negro y ojos azules,
con los bigotes típicos que vemos en las fotografías de los inmigrantes, de
piel muy blanca en la frente, resguardada por el sombrero,y con el color del
sol, un rojo oscuro, en el resto de su cara, así como heredó mi tío Enrique,
hermano mayor de mamá Elvira.
Con campos en la localidad de Brandsen,
provincia de Buenos Aires, recaló en Quilmes no sé cómo, del tambo pasó a la
lechería.
Cuando de pronto sobrevino una crisis
económica familiar y la abuela comenzó a trabajar para la tienda Harrods en su
máquina de coser, al punto que enfermó del corazón y murió. El médico de la
familia, el doctor Peña (luego fue mi pediatra), no pudo hacer nada para
salvarla.
Y el abuelo José María, perdió su risa
habitual.
En poco tiempo precedió a su esposa
dejando a sus siete hijos adolescentes huérfanos.
Detrás del mero hecho de mirar fotos,
se hallaba una incesante búsqueda de identidad.
Tenía algún rasgo semejante a la
abuela, pero hoy día reconozco que no tengo aires españoles, excepto mi pequeña
estatura.
Me
afanaba por hallar un parecido físico pero era imposible.
Con los Long tenía una mayor afinidad
en cuanto a cultura familiar, pero la familia Long vivía lejos, los veía poco y
los familiares maternos, me hacían sentir que yo era de otro lugar. Seguro ni
se daban cuenta, pero me sentía totalmente sola aunque rodeada de gente.
….Y mi eterna pregunta, hasta los treinta años en que supe la verdad y me llenè
de furia durante un año :“¿De quién soy
hija?”.
Volviendo a las lecturas en la puerta del ropero (acomodaba cartas, objetos
familiares pequeños, tarjetas, todo sobre la cama matrimonial mientras elegía
qué iba a curiosear),las cartas de mi tío Manuel eran otro deleite.
Manuel era el hermano mayor de mi papá.
Quedò a cargo de sus hermanos al fallecer de parto mi abuela, y mi abuelo Daniel (dos años
después).
Increíblemente, era policía, y médico
rural al mismo tiempo (En su Santa Fe natal). Llegó al grado de
comisario.
Tío Manuel era una especie de padre
para sus hermanos. Y mi papá Luis, guardaba sus cartas como consejos de hermano
mayor, sabio, que marcaba sus pasos.
En plena juventud, un hombre muy activo
y con una alta vocación de servicio a la comunidad santafesina, dejó este mundo
de pronto por un ataque al corazón.
La sabiduría, bíblica, de mi tío Manuel
pasó a mi papá , heredada seguramente del bisabuelo valdense . Dejo un poema de
agradecimiento en los finales del primer tramo de este libro.
En el ropero, se guardaban las joyas,
mi trenza que cada tanto cotejaba en un espejo con mi cabello ahora castaño,
ropa de mi mamà de la década del cincuenta, muchísimos accesorios antiguos que
habían pertenecido a mi abuela: el libro de oraciones católico del año 1910,
abanicos, mantillas españolas, chalinas, todo un mundo que había pasado hacía
ya décadas.
Y las cartas escritas por familiares
durante la Guerra Civil
Española desde Barcelona, abiertas con el sello “Censura” (me parece verlo),
una mezcla del pasado de la Inquisición con el
futuro que se avecinaba del franquismo.
El drama familiar de la muerte de
“Arturito”, un republicano, primo de mi mamá.
Actualmente, el “olor a viejo” no
tiene nada que ver conmigo, amo la frescura
y las aguas que corren…
Y lo de ayer, ya empieza a ser viejo hoy….si no tiro lo viejo….¿cómo
recibir lo nuevo?
(Enseñanza Bernardiana,
llámese Stamateas, estoy copiando y atesorando una idea que no es mía).
Las fotos
se guardaban en una caja de cartón duro y bellamente decorado.
En el aparador del comedor, estaban
guardados los juegos de lapicera Parker que mi papá me iba regalando año a año,
los lápices Faber en 24 o 48 colores, para una pintora en ciernes que no llegó a ser, la platería que en algunos
casos( la más cara) jamás se usaba….(y que, finalmente, terminó rompiéndose
gradualmente…! en manos de mis hijos…!)
Y el bar, con el Whisky que tomaba
papá, muy de vez en cuando y en forma medida.
Tal como era su frase que cada tanto
repetía, evidentemente una herencia familiar: “Hay que ser medido en todo”.
El
licor Ocho Hermanos, el Fernet Branca, Licor de Huevo, licor de Café….
Y en uno de los cajones del mueble
comedor, la pipa , con el eterno perfume del tabaco que compraba mi papá….
Mis muñecas estaban guardadas en mi
cuarto, las cuidé tanto, que mi hija Sarita llegó a disfrutar de ellas en sus
primeros dos años.
Lugares Comunes De
La Época De Mi Niñez
- LA LIBRETA DE AHORROS, LLENA DE ESTAMPILLAS, QUE ME HACÍAN SOÑAR EN UN AHORRO QUE EN
REALIDAD, NUNCA ENTENDÍ BIEN CÓMO EMPLEARLO.
-
EL “BIZNIQUE NEVADO”, UNA DELICIA QUE PERDÍ
CON EL PASO DEL TIEMPO, HOY DÍA DE REGRESO EN LOS KIOSCOS.
-
EL reproductor de discos WINKO, PARA MÍ TODA
UNA NOVEDAD, RECREÀNDOME LA MÚSICA
DE LOS BEATLES.
-
-EL PRIMER GRABADOR, DONDE ME HICIERON CANTAR
LA CANCION DE PINOCHO.
-
LAS CASTAÑUELAS, QUE ME HABÌAN REGALADO MIS
PADRES, EL TEMA ERA HACER MÚSICA DE ALGUNA MANERA….
-
LOS CARAMELOS “MEDIA HORA”, AÙN HOY LOS SIGO
BUSCANDO, SU GUSTO ME RECUERDA LA
NIÑEZ PERDIDA.
-
EL” YO, YO”, EL JUEGO DE LA SOGA EN EL RECREO……
-
LA MÚSICA DESDE EL ESTADIO QUILMES
ATLÉTICO CLUB, PRIMERA SEDE, A DOS PASOS DE MI CASA.
-
LA PROPAGANDA DE “A MÍ ME ENCANTA/USAR
AVANTA”..era chiquita pero todavía la recuerdo….
-
El TRANVIA 22 QUE MI PAPI, HABLANDO EN
CAMPESINO DECÍA “el TRANGUAY”.
- LO VUELVO A MENCIONAR, EL RELOJ DEL
SAINT GEORGE, MARCANDO LA MEDIA
HORA , LAS HORAS, INVARIABLEMENTE.
Algunas costumbres de mi hogar
Papi tenía la costumbre de tomar mate después del almuerzo, los días que
su turno en Rhodia le permitían este
horario. (Hilados Rhodia).
Cuando le tocaba volver a la tarde mi mamá, infaltablemente, hacía una
sesión de belleza para él. Luego de haber tenido puestos los ruleros a lo largo
del día, se los quitaba dos horas antes, se cambiaba de ropa y maquillaba.
Preparaba el mate, y lo esperaba para charlar, generalmente, haciendo caso
omiso a mi presencia.
De todas maneras, mi mundo estaba en mis libros.
Una tarde, por ejemplo, me devoré literalmente “El Quijote”, de
Cervantes. No paré hasta terminar. Terminé admirando a este libro a quien había
declarado durante años, “como un texto pesado”….El problema es que la ignorancia,
me había hecho decir tonterías.
Simplemente había que tomarse el trabajo de usar el diccionario a causa
de las palabras españolas fuera de uso hoy día. Como por ejemplo, “venta” que
significa “prostíbulo”. Sancho Panza en Barataria, de escudero a gobernador….El
Quijote, tratando como una dama a una prostituta….! Imperdible!
Otra costumbre familiar, era en el tiempo de las fiestas. Mi casa, casi
se convertía en una panadería.
Mi mamá preparaba pan dulces artesanales, pastelitos almibarados. La
familia materna, aparecían “milagrosamente”, como por arte de magia, a “saludar”.
Y se llevaban el pan dulce y el pastel.
Hoy día esto me parece algo desatinado hasta diría, un aprovechamiento
desleal hacia mi madre, quien al finalizar las fiestas quedaba exhausta.
En ese momento era una fiesta, la casa llena de ruidos y risas, con
aromas de panadería.
Antes de hablar de su pipa, quiero mencionar lo más importante, su
carácter, su personalidad que tanto me marcaron, ahora me doy cuenta.
Me enseñó cómo ser puntual, me enseñó con su ejemplo en amor a la excelencia.
Tenía un repertorio de dichos muy sabios, heredados de una familia
valdense, con abuelos inmigrantes que traían consigo su propia cultura de
crianza.
Hay un libro escrito sobre mi familia, Los Long_Los orígenes, escrito
por mi primo Julio Walter.
Y si alguien quiere entrar en Google, va a encontrar datos muy
interesantes sobre la colonia donde mi bisabuelo y otros valdenses vinieron a
recalar: Alexandra Colony. (ver poema en Apéndice)
Adictos al trabajo pero también haciendo un alto énfasis en la necesidad
de capacitarse y de dar lo mejor de nosotros en lo que hagamos, tuve muchos
familiares con estrés, y me incluyo en el defecto que surge si no hallamos
equilibrio.
Si bien tenía tonada campesina, bien santafesino mi papi, nacido en Rafaela,
sus dichos parecían traducidos de otro idioma.
“Si uno no quiere, dos no
pelean”.
“La palabra nuestra debe ser como un
documento firmado”.
“Hecha la ley, hecha la trampa”.
“Al que madruga, Dios lo ayuda”.
“Su frase parafraseando a Napoleòn:
“Vísteme despacio, que estoy apurado”, por lo que me aconsejaba: las cosas
hechas a las apuradas, siempre salen mal.”
“Salí con media hora de anticipación
asì llegàs a horario.”.
“La ocasión
hace al ladròn”.
“El que se
va sin que se lo pidan, vuelve sin que lo llamen”.
“Con la
cabeza fría y el corazón caliente”.
“A palabras
necias,oídos sordos”.
“A río
revuelto, ganancia de pescadores”.
“El que
siembra viento, recoge tempestades”.
Mi papá tendría ahora, 88 años…otra
generación, ¿no es cierto?
Era puntual y jamás faltaba al
trabajo, aunque tenía la mala costumbre de descargarse los disgustos traídos de
allí, con mamá y traía la atmósfera laboral a casa.
Pero los fines de semana, salíamos al campo,
allí sí era el gran desenchufe.
En las vacaciones (era increíble),
madrugaba a las cuatro de la mañana, en el mar, para ir al muelle de Mar
De Ajó a buscar “el mejor pique”. Amaba la caza y la pesca.
Quiso anotarme en el Tiro Federal a aprender tiro, qué bueno que no le
hice caso.
Muy lector, me parece ver cuando diseñó un plano de lo que llamó “coche movido por energía solar”. No lo
patentó debido a los temores extremos de mamá, que lo castraron. Dejó su sueño
muerto en un papel. No importa, papi, me estarás viendo en otra dimensión, tomo
yo el sueño y sigo adelante.
Su pipa: Es esto o La Calle
Hoy lo huelo, muy de vez en cuando. Ese aroma a tabaco de pipa de la
mejor calidad. Siento ese perfume de tabaco bueno, lo busco y ya no está, pero
me recuerda el encuentro futuro en otra dimensión de vida.
Meditando,en la mesa de luz con la lámpara artesanal, antigua.
Con adornos barrocos, y hecha de vidrio opaco dorado.
Esa luz privada,le permitia leer sus libros,interminables.
Al lado de la lámpara,con ese aroma a tabaco que tanto extraño,mi padre
me dio el limite de amor que le agradeceré toda mi vida.
Tenía dieciseis años y me faltaba un año para recibirme de maestra de
inglés.
Todavia, añoraba el piano de Mrs Quiroga,al final de mi primera
infancia.
La música desbordaba mi vida y las hormonas, golpeteaban mis sentidos.
Papá, eternamente tranquilo por aquellos tiempos (hasta que la diabetes
le cambio el carácter)…disfrutaba su pipa mientras me escuchaba en silencio.
“Papa, ya sé inglés”.
“Traduzco, canto,me comunico en
inglés. ¡Pa… con esa plata que gastas en Cultural,me podrías comprar un piano y
asi estudio música.¿Me dejas salir de Cultural?”.
Nunca su silencio me había parecido tan largo.
Parecia que miraba la eternidad delante suyo. Detrás de la ultima pitada
de pipa, derribo en un solo momento,mi montaña de arena adolescente:
“Es esto… o la
calle”.
Sé que me hablaba en serio. Nadie me había
dicho nada todavía, pero intuía mi adopción. Me veía en un hogar sustituto, empezando
mi vida de nuevo.
Si en ese momento, quinto año de Cultural,
hubiera conocido las clases de Mr Goñi, ni se me hubiera ocurrido. Pero en ese
momento, sin desmerecer la alta capacidad académica de mi teacher, para mi era
una docente excesivamente rutinaria.
Me retiré de su silencio firme, también, sin
decir palabras.
Sé que mi padre esta disfrutando la compañía
de mi madre, más allá de este ámbito de vida.
Le estoy tan agradecida,por haberme hecho
sumergir en el idioma de Shakespeare,de los Beatles…¡de todo el mundo!
Al año siguiente, con Mr Goñi, entré en un
enamoramiento eterno del idioma. Sus clases parecían durar diez minutos por lo
emocionantes, interesantes, que capturaban toda nuestra atención y no nos
alcanzaban las manos para tomar apuntes. Y siempre, nos daba pena terminar y no
veíamos la hora de que volviera la clase siguiente…
Mi segunda lengua fue mi medio de
vida, hasta el día de hoy.
Cada tanto huelo una pipa con buen tabaco,
cada vez con menor frecuencia.
Y me pongo a soñar que mi papi esta allí.
Voy preparando el abrazo que le voy a dar,
cuando cruce las puertas eternas
Donde la nostalgia
Será una palabra olvidada.
Ms Quiroga
A pesar del desinterés inicial y el ojo puesto en el piano dentro
del cuarto de clases, me enseñó a amar mi segunda lengua.
Su ternura en el tiempo de enseñanza calificaba para amar esas palabras
nuevas, llenas de música y contenido .Fue una sorpresa cómo acoplamos nuestros
ritmos, enseñanza y aprendizaje, al punto que en mi segundo año de estudios ya
entré al nivel intermedio, a partir de la nada.
Allí tambièn, en mis tiempos con Mrs Quiroga, ella hacìa comentarios
comparativos con una compañera de estudios vecina, nieta de ingleses. Parecìa que quien salìa perdiendo era yo,
ella soltaba un mensaje sobre mi identidad que no me quedaba claro.
Una niñez llena de preguntas muy internas,
que no tenían respuesta.
Enfermó y entró a la eternidad, pero el recuerdo de sus ojos celestes y
la ternura en la enseñanza todavía acarician mi alma.
Enseñar no es sólo repetir contenidos.
Enseñar es dar pan, es amar, es llegar al punto vacío de nuestro
alumno, donde una enseñanza, va a potenciar toda esa riqueza interior que
absolutamente todos tienen.
Y nosotros los docentes, estamos llamados a descubrir en nuestros
alumnos ese “punto vacío” que nuestros contenidos van a llenar y a
despertar el motor dormido, de una capacidad irrepetible.
Y ese potencial único, va a empezar a desarrollarse no importa la
historia personal de quien quiere aprender.
Potencial sin precedentes, por ser única e irrepetible, la
individualidad de nuestros alumnos.
Mamà Lavando la Ropa
( Esto se puede leer con esta canción de fondo):
https://www.youtube.com/watch?v=4ca3wixwq2o
Cuando
Serrat cantaba esta canción, en mi tocadiscos Winco, tenía a mi mamá allí lavando la ropa.
A pesar del lavarropas último modelo, mamá seguía perfeccionando la limpieza
de la ropa en un piletón instalado en el patio cubierto de la casa.
Entre el patio y mi dormitorio mediaba un cuarto de servicio, llamado
por mis padres, “la despensa”, donde entre otras cosas, estaba guardado
celosamente el busto de Eva Perón, arrebatado por mi papá en la revolución del
55, del sindicato donde pertenecía.
(Dicho sea de paso, en 1973, mi
papá con mucho orgullo y alegría devolvió dicho pedazo de historia, a las
autoridades sindicales).
En mi dormitorio, sumergida siempre entre mis libros, la escuchaba
cantar sus zarzuelas.
Su mamá, una catalana emigrada junto con su mamá divorciada, vivieron en
pleno centro de Buenos Aires al lado de un teatro donde se cantaban zarzuelas.
Y mi mamá, fue una especie de “discípula cultural” de mi abuela
catalana. Ella y sus hermanos, uno escritor y el otro pintor, estuvieron en el
grupo de españoles que agasajaron y disfrutaron la estadía prolongada de
Federico García Lorca en Buenos Aires.
De allí que mi madre vivía corrigiéndome, para que “hablara con
propiedad”, según sus palabras.
Tenía una voz hermosa, y cuando cantaba, me preguntaba si algún día me
llegara a faltar, qué iba a ser de mí….Mi mamá no era expresiva en su cariño
conmigo, por lo menos en mi adolescencia bastante complicada. Pero toda la ternura
se le agazapaba en la voz cuando cantaba las canciones maternas….
AY MI MORENA,
MORENA CLARA
AY MI MORENA CLARA, AY MI MORENA
QUE GUSTO DA MIRARLA
TODA LA VIDA , MI COMPANERA
TODA LA VIDA
SERA LA MI MORENA
(LUISA FERNANDA)
https://www.youtube.com/watch?v=19-GI2LzOtc
Desde Dentro
De mi nostalgia aprendí, a dar.
Entonces inundé a mis tres hijos de
canciones que ellos hoy día tienen bien presentes, en los momentos en que la
ternura de la canción de mamá, es un calor que les envuelve el alma y los
refuerza interiormente, si es que el dolor apareció.
“Me parece escuchar cantar a mi mamá zarzuelas españolas, mientras
lavaba la ropa. El color sureño de Quilmes, las campanadas del Saint George y
las risas adolescentes.
Sin embargo, ya los despedí. Mi hoy es hermoso, la música, siempre nueva
y fresca está allí, tanto como el viento. Agradecida, por ese tiempo
hermoso pero al igual que el agua que corre, hoy tengo risas nuevas y con
ellas, quedo en libertad de toda nostalgia que quisiera atraparme.”


