Lázaro, el Famoso
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Ser amigo de Jesús de Nazaret, no era poca cosa.
Muy de vez en cuando, venía a su casa donde una de sus hermanas cocinaba y limpiaba como loca, mientras la otra, se sentaba a sus pies a escucharlo
Nuestro amigo, hacía milagros por doquier, enseñaba sobre Dios el Padre, hasta cualquier hora, hacía cosas increíbles como hablar con mujeres extranjeras de dudosa reputación a plena luz del día.
Pero, era un deleite, escucharlo cuando llegaba a casa, cansado del camino. Nos hicimos también amigos de sus discípulos, que lo seguían a todos lados.
Hasta que un día, con toda mi juventud y energía, una enfermedad me venció a tal punto, que mi último recuerdo fue, la ausencia de mi amigo Jesús en mi peor momento, y las lágrimas de mis hermanas que me despedían.
De pronto, ya no sentí mi cuerpo, y comprobé que todo lo dicho por Jesús, con respecto a la vida venidera, era cierto.
Mi espíritu dejó el cuerpo y me sentí volar, libre a los brazos del Padre, escoltado por ángeles, olvidados todos mis dolores.
No sé cuánto tiempo habrá pasado cuando de repente, la voz de mi amigo me llama con tal fuerza, que mi espíritu retrocedió todo el camino andado.
Volví a mi cuerpo, lleno de vendajes que me impedían caminar, mientras trataba de obedecer esa voz tan amada y necesitada en lo más profundo de mi ser.
Alguien me ayudó a sacarme vendajes, turbantes, lo que me impedía caminar, hasta que abracé a mi amigo Jesús, y a mis hermanas.
Gritos de júbilo a nuestro alrededor, gente que daba gloria a Dios.
Me informaron que había estado muerto cuatro días.
Me di cuenta, que Jesús era más que un amigo maravilloso. Algo grande venía para su futuro.
De pronto, fui el famoso de la aldea. Los fariseos, me miraban con cara amenazante, se podía leer el complot en sus miradas..Ninguno de ellos se acercó a felicitarme por el milagro. Mujeres, niños, ancianos, hacían corro alrededor de mí.
De pronto, fui famoso.
Luego de hablar con mis hermanas, lo menos que podíamos hacer por nuestro amigo, era un gran festejo, una cena en su honor.
María, como siempre, tenía que dar la nota frente a su amadísimo Jesús; tomó el aceite más caro que hubiese sido la dote de su boda, y lo rompió para ungir a Jesús con el perfume de nardo que inundó la habitación.
Gente que yo no conocía, vino sólo para verme vivo, el gran prodigio que despertaba la alegría de muchos y la envidia y el resquemor de unos pocos que lamentablemente, eran los que detentaban el poder.
Nunca imaginé que en tan pocos días, mi lealtad de amigo agradecido iba a ser probada, más allá de una cena cara donde había puesto todos mis ahorros para honrarlo.
La madrugada de la Pascua , escuchamos los ruidos de una turba cerca de Getsemanì.
Nos llegó la noticia casi de inmediato, Jesús había sido puesto encarcelado en juicio de madrugada (en contra de las leyes romanas); y horas más tarde, lo vimos cargando su cruz hacia el Gólgota.
No hice nada por Èl. Ni siquiera se me ocurrió, presentarme a Pilatos como testigo vivo de un hombre maravilloso que sólo hizo bienes en su vida.
En unas horas, era enterrado en una tumba quizás, similar a la mía. También sellada por una piedra. Cuánto hubiera deseado parecerme a Él, devolverle el favor, ser yo el que gritara su nombre con una energía poderosa que lo volviera al mundo de los vivos.
Sin embargo, lo único que hice fue llorar en silencio, pidiendo perdón a Dios por mi cobardía, la paga de silencio para mi mejor amigo.
Algo que no les conté: Cuando Jesús, me llamó desde fuera de mi tumba, cuando escuché su voz, allí en mi maravilloso lugar, fuera de este mundo, la fuerza que me llevó a volver a mi cuerpo, fue algo indescriptible.
Su voz estaba impregnada de esa fuerza maravillosa, voz y fuerza de vida, como un solo ser.
Salí de la muerte y hallé la vida, en su más alta definición.
Mientras recordaba ese momento maravilloso, y veía a mi hermana con los aprontes para ir a ungir el cuerpo a la tumba junto con su madre, me pregunté, si esa misma fuerza, podía levantar a Jesús de entre los muertos.
Cuando llegó la noticia de la tumba vacía, de la piedra removida, los soldados romanos desmayados, el ángel diciendo textualmente qué había sucedido, entonces entendí.
El más fuerte venció al fuerte.
La vida, en su más alta definición, se manifestó de una vez y para siempre, para todos quienes le siguen, le creen, le aman y le adoran.
Antes de subir al Padre, nos dijo a todos que esperemos la llegada del Espíritu Santo, y cuando bajó en Pentecostés, todos entendimos TODO!
Ahora sé que sé que sé, que nada ni nadie, nos podrá vencer!
Porque Él ya lo hizo por nosotros! Vida eterna, abrazo eterno de Dios!

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