6.LOS
EXTRAÑOS EN MI VIDA
Quizás,
alguna vez fueron cercanos. Fueron nuestros amados, o familia.
Estuvieron
cerca y les abrimos el corazón. Sin saber, sin discernir hasta dònde teníamos
que abrirnos.
Esos
extraños que quizás comparten el lazo sanguíneo, o el negocio, o el grupo de
amigos íntimo.
De pronto la traición, el ánimo doble,o sencillamente otro objetivo, otro amor, una pasión contraria a la nuestra, los convierte en extraños.
Como diría
alguien en un antiguo escrito del primer siglo, alguien llamado Juan : “Salieron de nosotros, pero no eran de
nosotros”.
La misma
camiseta, pero el corazón del equipo contrario.
Lleva
tiempo y dolor, identificarlos.
Cuesta,
cuesta mucho coraje y valentía verlos, distinguirlos….y empezar a considerarlos,
extraños.
Y luego
soltarlos de nuestra vida, perdonarlos, dejarlos ir.
Un día fui
armando una lista, con total honestidad, y con una mirada imparcial, quién
tenía que salir de mi círculo íntimo.
Quién,
aunque aparentemente cercano, iba a convertirse en extraño a mi confianza,
extraño a mis secretos, a mis sueños.
Tachados en
mi agenda, en algunos casos aún borrados o bloqueados en mi celular.
A veces, el
extraño no hizo nada malo, simplemente, estaba tan cerca y de pronto, se fue.
A
continuación, relato un ejemplo personal
.Está
exceptuado de mi escrito autobiográfico,”Por Dentro y Por Fuera”. Puedo hablar
de él, sólo desde este ángulo. Nadie tiene por qué, saber quién es.
Pero hay
lecciones que saqué de su salida de mi vida, que quizás nos puedan servir a
todos. Quizás, tal vez, él sí se reconozca en estas líneas y seguramente,
saldrá la sonrisa que viene con el paso del tiempo.
En su
momento, lo consideré ese hermano varón que siempre ansié tener desde mis nueve
años.
Hoy, él y
yo, somos extraños. Aquí, lo cuento, como diría en mi libro anterior, “Desde
Dentro”.
Creo que
sin darnos cuenta, nos tomamos un cariño mutuo increíble. Me parece recordarlo
cuando tocaba el timbre de mi casa, con un perfume que me dejaba huellas.
Hasta que
sin querer, su voz retumbaba dentro mío.
Ya tenía mi
futuro armado, pero él latía dentro, cada vez más.
Seguí
adelante, sin saber que me iba a llevar años olvidarlo.
En el peor
momento de mi vida reapareció y me asusté tanto, tan herida estaba, que no pude
entenderlo y lo dejé ir. Él no me había dicho nada, que alguien ya lo estaba
esperando, del otro lado “en la otra punta del camino”. Y, se convirtió en
extraño.
Nunca me
olvido sus últimas palabras: “Tengo cosas
que hacer”.
Y se
convirtió, para mí, dolorosamente, en extraño.
Nos hemos
cruzado a lo largo de la vida y ni siquiera eran necesarias las palabras.
Aprendimos a comunicarnos aún con el silencio. Quedó el cariño del alma, el
hecho amoroso, de buscar sólo el bien del otro, desde lejos.
Tenía la
percepción de haber errado, de una pérdida grande, lágrimas eternas, sola en la
plaza.
Hasta que
un día, cuando descubrí que “alguien lo había estado esperando del otro lado
del camino”, mientras buscaba un reencuentro. Entonces, fue más extraño que
nunca. Me alivió descubrir un área de vulnerabilidad en él, que en el futuro me
hubiera traído quizás, un dolor insoportable.
O
sencillamente, aceptar la realidad de que había alguien que coincidía más con
su búsqueda de vida, no fue entonces un rechazo, simplemente, una libre
elección.
Ahora,
puedo verlo tranquilamente como alguien que ya no es, espero lo nuevo que
seguramente viene en camino. Cuánto tiempo lleva, conocer a alguien, realmente.
Sin
embargo, con el perdón (en primer lugar, a mí misma) su vida me hace bien.
Puedo ir y volver, sus noticias, sus alegrías, vuelven a ser mías. Su familia,
está incluida en mi afecto.
Y de extraño, pasa a ser un ser querido
lejano, pero, amado.
7.LOS NUEVOS, Y LOS POR VENIR
Estaban a
tu lado, pero no lo sabían. Simplemente, se pusieron a tu lado. Cruzaron la
raya de tu dolor y te acompañaron hasta el lìmite de soledad puesto por Dios,
para quienes entramos en la escuela de su carácter (idea prestada de Bernardo
Stamateas). Segùn Bernardo, entre Getsemani y la Cruz , Jesùs estuvo solo para
luego resucitar. En ese último tramo, nos quedamos verdaderamente solos.
Cuando
aprendiste la escuela de la soledad y te gradùas en el aprendizaje de confiar
sòlo en Dios (de nuevo, Bernardo, esta idea no es mìa); aparecen de pronto los
inesperados.
En mi caso, Vilma, la inesperada, que viaja trescientos kilómetros en su coche, atareada con mil cosas de su familia y un trabajo muy exigente, sòlo para fijarse què le falta a mi hija Sara.
Mis vecinos nuevos, los inesperados de Garìn, un pueblo que casi nunca había escuchado nombrar en mi vida. De
los que te preguntan cómo estàs, de los que se ofrecen “para lo que necesites
que sos nueva en el barrio”.
El hombre nuevo de la mirada nueva que te hace sentir una mujer nueva…
Esa amiga nueva que descubrís su riqueza y aparece en el momento justo
de tu vida, para enriquecimiento mutuo.
Enfocada en tu camino, trabajando fuerte en tus metas, los nuevos que
transitan buenas sendas se te acercan o aparecen sin avisar.
Y los por venir, cuanto más transites en eso que soñaste y sólo tú estás
haciendo realidad, seguirán apareciendo, en forma sorpresiva como parte de una
vida que piensas y re piensas, que ya no la vives al azar sino pensadamente,
mirando tus pasos tus metas tu interior. Mirando a quien ha transitado antes
que tù, entonces aprendes y escuchas, para un mejor vivir.El pasado queda atrás
así como esos que de dieron un precio bajo por tu persona de tanto conocerte y
envejecer por dentro quizás, prematuramente, se convierten en recuerdo lejano.
Porque alguna vez fueron, estuvieron cerca, pero dejaron de estarlo, la mutua sinfonía del corazón no existe más y se
fueron quedando atrás.
Y sin darse cuenta, dan paso…a los nuevos y a los por venir.

...Para pensar la vida, en Pascuas...
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