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Buenos Aires Desde Los Ruidos II
Buenos Aires Y La Peste
Era alrededor del mes de Junio del año 2009. Mientras me presentaba a la Terapia Intensiva para acompañar a mi hija en un estado de coma alerta permanente, de pronto me di cuenta de que algo grande y peligroso estaba sucediendo en la ciudad.
Me empezaron a llamar la atención las diferentes advertencias que aparecían en todas partes, acerca del lavado de manos y el uso del alcohol. Las entrevistas en la televisión de los Ministros de Salud, asegurando que no era tan grave, que la plaga estaba en control. Hasta que, llegando a la terapia donde estaba mi hija, me di cuenta qué estaba pasando.
Los familiares de los pacientes de Terapia Intensiva, que esperábamos en el Tercer Piso para recibir los informes de mediodìa, màs de una vez en forma repentina se nos pedìa bajar inmediatamente al segundo piso.
Esto sucedìa porque se enviaba un cuerpo (desde terapia) hacia la morgue.
Esta escena se empezò a repetir màs de lo esperado .Nunca sabìamos si nuestro familiar, iba a contraer la plaga.
Sarita habìa sufrido cinco neumonìas y un ataque al corazòn. Habìa estado recibiendo asistencia mecànica para respirar y por lo menos, recibìa dos antibiòticos y estaba por debajo de su peso en veinticinco kilos.
El Jefe de Terapia me pidiò que me retire, tal como lo hacìa siempre, de acompañar a mi hija en los dos turnos de visitas. Por lo menos, una semana que fueron diez largos dìas, separada de mi niña.
"Lo mejor para ella es que usted se cuide y se mantenga viva. Quèdese. Llàmenos cuantas veces quiera". Su enfermera Ino era como un àngel para Saris, me dijo "Si te necesito te llamo, cuidate, por Sarita misma".
Aquèllos dìas fueron los màs silenciosos para la ciudad de Buenos Aires. Sòlo podìas escuchar, el sonido de las ambulancias por lo menos diez veces a lo largo del dìa.
Llamé al médico porque estaba sufriendo un dolor de garganta. Sin fiebre, sin síntomas de gripe porcina. Mientras extrañaba a mis otros dos hijos, que vivían con su padre sin mucha comunicación conmigo y mi hija, en un silencio largo de ojos abiertos, mis oraciones eran también para los sin hogar, las viudas, los huérfanos, los ricos y los poderosos, todos en peligro.
Buenos Aires, la ciudad siempre ruidosa, ahora era la ciudad del silencio y las ambulancias.
Cuando volví al Sanatorio, todos estaban sorprendidos que había sobrevivido y especialmente, que aún Sarita estaba allí, en una recuperación muy lenta.
Un paciente con el virus AH1, se recuperaba a unos pocos metros de su cama.
Una vez màs, otro milagro.
Cuando volvì, sana y salva, le preguntè al Jefe de Terapia con perfil de periodista: "¿Cuántos son? ¿Cuántas pérdidas?".
"Nadie sabe, y nadie nos quiere decir".
Fue una quincena silenciosa en Buenos Aires.
Muchas iglesias en oraciòn, como cuando cayeron las Torres en Estados Unidos.
De pronto, un poderoso viento surcó los cielos de la ciudad.
Pasamos de un clima húmedo y nuboso, a un tiempo muy frìo y soleado.
La plaga comenzó a detenerse, luego de este viento misterioso que duró toda la madrugada hasta el amanecer. Lamento no haber anotado la fecha exacta. Pero sentì en mi ser interior, que una Mano Poderosa, había detenido la plaga en Buenos Aires.

Muchas veces una ciudad, habla a través de sus ruidos. Estoy aprendiendo a escuchar a Buenos Aires.
ReplyDeleteque percepción, maravillosa!!! como el discernimiento
ReplyDeleteGracias Zulema por leerme con el corazòn!
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